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Prevención y control de la Sarcoptidosis en la Fauna Silvestre.

Publicado en OVIS, Julio 1997, Nº 51

Jesús M. PEREZ1, Isidoro RUIZ-MARTINEZ1, José E. GRANADOS2 y M. Carmen PEREZ2.

 

1. Departamento de Biología Animal, Vegetal y Ecología. Facultad de Ciencias Experimentales. Universidad de Jaén. Paraje Las Lagunillas, S.N. 23071 Jaén.

2. Departamento de Conservación de Flora y Fauna. Junta de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, Delegación Provincial de Granada. Carretera de Sierra Nevada, Km 7. Pinos Genil, 18071 Granada.

 

Hasta hace relativamente no mucho tiempo, el interés de la sociedad en general y de los científicos en particular por las enfermedades de la fauna silvestre ha sido mínimo. Sólo cuando empezamos a ser conscientes del riesgo potencial de transmisión al hombre de ciertas enfermedades propias de animales (zoonosis), o de la amenaza que las enfermedades suponen para las especies protegidas y para la fauna silvestre en sentido más amplio (teniendo en cuenta que las especies animales, como recursos naturales, son explotables), esta actitud negligente se torna en preocupación que nos motiva a estudiarlas y a intentar reducirlas hasta niveles considerados como tolerables.

Un ejemplo que ilustra perfectamente la consideración anterior lo encontramos en la sarna sarcóptica, que en los últimos años ha afectado y sigue afectando a determinadas poblaciones de ungulados silvestres de nuestra fauna. En el sur de nuestro país sucesivas epizootias han producido tal impacto en varias poblaciones de cabra montés y de otras especies, que se ha promovido la puesta en marcha de un importante proyecto científico-técnico financiado por la administración andaluza cuyo principal objetivo es precisamente el control de la enfermedad. De obtener resultados positivos, la aplicabilidad de los mismos sería enorme pues este problema trasciende, con mucho, de nuestras fronteras.

¿Cuál es la dimensión del problema en nuestro país?. ¿Es aconsejable invertir esfuerzos y recursos en el manejo de este tipo de enfermedades de la fauna silvestre?. ¿Repercutiría el control de las mismas en la conservación de nuestros recursos naturales?. ¿Qué medidas podemos aplicar?. En este capítulo se consideran y discuten estos y otros aspectos relacionados con la gestión de la sarcoptidosis en poblaciones de animales silvestres, centrándonos en los ungulados de montaña.

A: Dispersión de la sarna sarcóptica en diferentes poblaciones de ungulados silvestres de nuestro país en el período 1987-1991. Las fechas aluden a los primeros casos registrados. También se especifica la especie hospedadora implicada.

1. P.N. de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén). Los primeros casos se detectaron en Capra pyrenaica hacia 1987. En la actualidad esta especie continúa viéndose afectada por la enfermedad, que también ha alcanzado a ciervos (Cervus elaphus), gamos (Dama dama) y muflones (Ovis gmelini) del parque.

2. P.N. de Sierra Mágina (Jaén). 1990. Capra pyrenaica.

3. P.N. de las Sierras de Castril (Granada). 1990. Capra pyrenaica.

4. Sierra de la Almijara (Granada). 1990. Capra pyrenaica.

5. Sierras de Caravaca y Moratalla (Murcia). 1990. Capra pyrenaica.

6. P.N. de la Sierra de las Nieves (Málaga). 1991. Capra pyrenaica.

B: Período 1992-1994.

7. P.N. de las Sierras de Huétor (Granada). 1992. Capra pyrenaica.

8. P.N. de Sierra Nevada (Granada). 1992. Capra pyrenaica.

9. Sierra de Loja (Granada). 1992. Capra pyrenaica.

10. Sierra Espuña (Murcia). 1992. Ammotragus lervia.

11. Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (Asturias). 1993. Rupicapra rupicapra.

12. Sierra de la Sagra (Granada). 1994. Capra pyrenaica.

13. Sierra del Mencal (Granada). 1994. Capra pyrenaica.

14. Sierra de Muela de Cortes (Valencia). 1994. Capra pyrenaica.

Diez años de sarna en nuestras sierras.

En la última década hemos asistido a una vertiginosa sucesión de oleadas epidémicas que han afectado a diferentes poblaciones de ungulados de montaña en nuestro país. En 1987 se detectaron los primeros casos de sarna en cabra montés (Capra pyrenaica) del Parque Natural (P.N.) de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén) (Figura 1). De una población estimada entonces en más de 10000 ejemplares no sobrevivieron más de 150 ó 200 tras cuatro años. A partir de estos individuos, bien resistentes a la enfermedad, o bien no alcanzados por la misma, comenzó una recuperación de la población, si bien en la actualidad la sarna continúa afectando a esta especie y desde hace algún tiempo también está afectando a los ciervos (Cervus elaphus), gamos (Dama dama) y muflones (Ovis gmelini) de dicho espacio natural.

En 1990 comenzó un proceso similar al anterior en la vecina Sierra Mágina (Jaén), donde pocos meses más tarde la población de cabra montés allí existente ya había quedado drásticamente reducida. Ese mismo año también se registraron los primeros casos en otras poblaciones de esta especie: P.N. de las Sierras de Castril (Granada), Sierra de la Almijara (Granada) y Sierra de Caravaca y Moratalla (Murcia). El año siguiente ya teníamos evidencia de la presencia de la enfermedad en las cabras monteses del P.N. de la Sierra de las Nieves (Málaga) y en 1992 recibimos las primeras muestras de dicha especie de diferentes puntos de la provincia de Granada: P.N. de las Sierras de Huétor, P.N. de Sierra Nevada y Sierra de Loja que arrojaron diagnósticos positivos. Ese mismo año se denunciaron los primeros casos de sarcoptidosis afectando a arruis (Ammotragus lervia) de Sierra Espuña (Murcia). Esta especie originaria del norte de Africa fue introducida en este punto del levante español en la década de los 60 y en la actualidad se encuentra en expansión.

Un año más tarde (1993) se detecta la enfermedad en la población de rebecos (Rupicapra pyrenaica) del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (Asturias) y en 1994 ocurre lo mismo en sendas poblaciones de cabra montés de la Sierra de la Sagra y Sierra del Mencal (Granada) así como en la Sierra de Muela de Cortes (Valencia). Probablemente en la actualidad la enfermedad se halle más ampliamente extendida dentro de los límites de distribución de los respectivos hospedadores. A la práctica inexistencia de información disponible sobre la presencia de la sarna en épocas pasadas hemos de añadir la escasa, fragmentada y no estandarizada (por lo tanto, difícilmente comparable) información sobre la evolución actual de dicha parasitosis, no sólo en especies silvestres, sino también en especies domésticas. Como veremos posteriormente, esto supone una de las principales carencias a la hora de diseñar planes de control de la enfermedad.

¿Cuál es el origen de la enfermedad?.

Cada vez que surge o se detecta un nuevo foco de sarcoptidosis se tiende a argumentar casi de forma sistemática un origen externo a la población silvestre afectada, a través del contagio de la enfermedad desde animales domésticos (ovinos y caprinos) infestados. Podemos encontrar este tipo de aseveraciones desde en notas de prensa hasta en artículos publicados en revistas científicas. No obstante, hemos de tener en cuenta que no existen evidencias o pruebas ni a favor ni en contra de este supuesto, al menos en nuestro ámbito geográfico. Como ya se ha puesto de manifiesto en otros capítulos de esta monografía, existen ciertas discrepancias en relación a aspectos como la taxonomía y la especificidad por los hospedadores de las diferentes cepas o poblaciones de ácaros.

A la hora de efectuar infestaciones cruzadas experimentales se han obtenido resultados dispares: así, mientras se demostró la no total especificidad por el hospedador al conseguirse la transmisión de la enfermedad entre bóvidos distintos (ovinos y caprinos), no ocurrió lo mismo al intentar infestar de forma experimental perros, coyotes y lobos con ácaros procedentes de zorros. En cualquier caso, si bien la información disponible en la bibliografía apunta a que Sarcoptes scabiei no es un parásito completamente específico por sus hospedadores, no hemos de asumir que la transmisión interespecífica se produzca fácilmente y con frecuencia.

Desde una perspectiva más amplia, algunos autores establecen varias fuentes o causas potenciales de una epizootia de sarcoptidosis: (1) introducción de una nueva cepa virulenta y de origen externo de S. scabiei; (2) mutagénesis de una cepa de dicho ácaro ya presente y establecida, pero menos patógena anteriormente, y/o (3) incremento de la susceptibilidad de la población hospedadora. Este punto de vista resulta más práctico a la hora de interpretar la epidemiología de la sarna sarcóptica en las poblaciones animales. De cualquier modo, siempre resulta muy útil el poder disponer de información local sobre la potencialidad de transmisión de la enfermedad, así como sobre aquellas especies que pudieran actuar como reservorios y/o vectores de la misma.

¿Podemos interpretar y preveer la dinámica de la enfermedad en una población de animales silvestres?.

Al analizar la literatura científica referida a procesos epizoóticos de sarcoptidosis en ungulados silvestres (como en el caso del rebeco alpino, Rupicapra rupicapra) podemos apreciar un patrón epidemiológico similar al que experimentan poblaciones de otros hospedadores (incluído el hombre) cuando se ven afectadas por la enfermedad: nos encontramos ante procesos periódicos con ciclos variables que dependen de factores como los climatológicos y los demográficos, entre otros. Resulta fácilmente comprensible el hecho de que a mayor densidad de hospedadores aumenta la probabilidad de contacto, y por tanto de trasnmisión de la sarna, entre éstos.

Por lo general, cuando se produce el primer contacto de una población con el parásito se pueden producir altas tasas de mortalidad (en torno al 80 - 90 % de la población, o incluso superiores). Esto podría haber sido lo ocurrido en la población de cabra montés del P.N. de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas durante el período 1987-1991. Tras estos episodios más o menos "catastróficos" se suele observar una rápida regresión de la enfermedad y una recuperación de la población hospedadora. Si como resultado de esta primera epidemia se crea cierto grado de resitencia en la población superviviente, cabe esperar la aprición de nuevos brotes epidémicos a determinados intervalos de tiempo, pero, generalmente, de menor gravedad. En definitiva, la sarna sarcóptica puede estar presente a nivel enzoótico en muchas poblaciones silvestres, pero periódicamente alcanza niveles epizoóticos.

El poder predecir la evolución y el impacto de la sarcoptidosis en una población de animales silvestres resulta fundamental para diseñar planes efectivos de control. Es posible preveer la dinámica de la enfermedad en una población hospedadora mediante diferentes ecuaciones y modelos matemáticos. Para ello debemos conocer diversos parámetros o variables referentes tanto a los parásitos como a los hospedadores:

× tamaño de la población hospedadora

× estructura de sexos y edades de la misma

× grado de agregación de los mismos

× uso del espacio

× tasa de natalidad

× tasa de mortalidad

× fenómenos de emigración e inmigración

× tasa reproductora de los parásitos

× tasa de mortalidad de los parásitos

. diferentes parámetros de la patogenicidad del parásito y/o susceptibilidad del hospedador

× influencia de otras enfermedades y otros factores predisponentes, etc.

Estas variables se complementan con otros parámetros epidemiológicos, como la prevalencia, incidencia, o tasa de mortalidad inducida por los parásitos, entre otros. Como parece evidente, resulta tremendamente complicado el obtener datos sobre muchas de estas variables, concretamente en aquellas referentes a los ácaros, y es esto precisamente lo que dificulta el predecir con exactitud la evolución espacio-temporal de la sarna en una población de animales silvestres.

¿Cuándo y cómo actuar frente a una epizootia de estas características en una población silvestre?.

Sin duda este constituye uno de los aspectos del problema que más discrepancias o controversias origina. Para los que entienden una enfermedad que afecta a una población de animales silvestres como un proceso natural y, además, como un factor potencialmente regulador de dicha población y que, en parte, contribuye al equilibrio dinámico del sistema, resultaría injustificable el manejo de la misma, salvo en determinadas circunstancias. En 1972 se registraron los primeros casos de sarcoptidosis en el zorro común (Vulpes vulpes) en Suecia y, al parecer, la enfermedad había sido introducida desde Finlandia, donde se había dejado notar unos años antes, por zorros en fase de dispersión. En los años siguientes la sarna ya se había extendido por casi todo el país, dándose casos de altas mortalidades locales. También se diagnosticaron casos en linces (Lynx lynx) y se observó un aumento dramático del número de casos en perros de aquellas zonas donde aparecían zorros sarnosos. Entonces empezó a temerse por la pequeña y amenazada población de zorro ártico (Alopex lagopus), por lo que se emprendió una campaña de captura y tratamiento de animales enfermos, con excelentes resultados para la conservación de la especie.

Por el contrario, desde un punto de vista meramente productivista cabría pensar en la erradicación sistemática de la enfermedad en casos como los que hemos revisado. En cualquier caso, este último extremo resulta prácticamente inviable a nivel técnico. Recordemos que a pesar de que la sarna fue la primera enfermedad del hombre de la que se identificó el agente etiológico, y de que existen fármacos efectivos contra la misma, no se ha podido erradicar de la población humana.

No obstante, el control de la enfermedad cuando ésta alcanza niveles epizoóticos en grandes poblaciones resulta tremendamente difícil, dado que para conseguir cierta efectividad es necesario capturar y tratar a un porcentaje elevado de individuos de las mismas. En este sentido aún no se ha encontrado un método eficaz contra la enfermedad, selectivo (dirigido hacia una o varias especies), seguro (tanto para los animales como para el medio ambiente) y técnica y económicamente viable. De todos modos, en determinadas ocasiones puede resultar útil desarrollar programas locales de tratamiento y control de la sarna. Estas campañas de tratamiento se pueden complementar con la extracción selectiva de los individos afectados de la población, bien en vivo para su posterior tratamiento en cautividad, o bien previamente abatidos y sus restos debidamente eliminados (incinerados, tratados y enterrados o transportados hasta instalaciones de seguridad).

A la conclusión a la que llegamos es que la mejor forma de combatir la sarcoptidosis en una población de ungulados, o de cualquier otra especie silvestre susceptible de contraerla, es prevenirla. Uno de los elementos clave de la prevención consistiría en el manejo de la densidad de la población hospedadora, especialmente en aquellos casos en que otros elementos reguladores de la misma, como la predación, se encuentren ausentes. Se recomienda el mantenimiento de la densidad incluso por debajo de los niveles de capacidad de carga del medio y de una adecuada estructura de clases de sexo y edad. Esto implica, entre otras cosas un proceso de seguimiento y observación de la población (monitorización) continuo. De forma paralela es necesario llevar a cabo una regulación de la carga ganadera y de las densidades de otras especies exóticas que compartan el espacio, así como un control estricto del estado sanitario de ambos tipos de animales. Si a este tipo de medidas les sumamos todas aquellas disponibles encaminadas a conservar y, en su caso, a mejorar la calidad del medio, podremos esperar una relación costes/beneficios aceptable.

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