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Diagnóstico de la EEB y del Scrapie en el Marco del Programa de Vigilancia y Control |
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Eva Monleón Moscardó, Marta Monzón, Juan Badiola. El Reglamento CE Nº 999/2001 recoge las técnicas de diagnóstico de aplicación en el programa de vigilancia y control de las EET, las cuales se basan en las reconocidas por la OIE (2000). La normativa establece que los animales sospechosos clínicamente, procedentes del programa de vigilancia pasiva, "serán objeto de un examen histopatológico con arreglo al Manual de normas para pruebas de diagnóstico y vacunas de la OIE. En el caso de que el resultado del examen histopatológico no sea concluyente o sea negativo, o de que el material esté autolisado, los tejidos se someterán a uno de los otros métodos previstos en el Manual: inmunocitoquímica, inmunotransferencia u observación de las fibrillas características mediante microscopía electrónica." Los animales procedentes del programa de vigilancia activa se examinarán mediante las técnicas rápidas de diagnóstico; cuando el resultado no sea concluyente o sea positivo, se aplicará el mismo procedimiento y las mismas técnicas de diagnóstico que en el caso de los animales sospechosos.
Diagnóstico Clínico Como se ha citado en relación al programa de vigilancia, tanto la EEB como el scrapie son enfermedades de declaración obligatoria, por lo que es necesaria la notificación de cualquier caso sospechoso a las autoridades competentes. La legislación vigente (Reglamento CE Nº 999/2001) define como animal sospechoso de estar infectado por una EET a "todo animal vivo, sacrificado o muerto que presente o haya presentado anomalías neurológicas o de comportamiento o un deterioro progresivo del estado general atribuible a un trastorno del SNC, con respecto a los cuales no se puede establecer otro diagnóstico a tenor de un examen clínico, de la respuesta a un tratamiento, de un examen post mortem, o tras un análisis de laboratorio ante o post mortem". Antes de la instauración del programa de vigilancia activa en la UE, el único medio de detectar los casos de EET era mediante la identificación de los animales clínicamente sospechosos. Actualmente, la declaración de los casos sospechosos sigue siendo una parte fundamental del control de las EET constituyendo la base del programa de vigilancia pasiva, ya que es el único método in vivo reconocido para detectar los animales infectados. No existe ningún signo o grupo de signos clínicos patognomónicos de las EET, por lo que el diagnóstico de la enfermedad basado exclusivamente en la detección del cuadro clínico no es suficiente (Wilesmith et al., 1992 a). Aunque es posible detectar la EEB mediante el examen clínico del animal con un alto grado de precisión (Kimberlin, 1992), en ocasiones el diagnóstico clínico de las EET presenta numerosas dificultades, principalmente en los estadios iniciales de la enfermedad en que los signos clínicos pueden ser muy variados y poco específicos (Wilesmith et al., 1992 a). Signos Clínicos de la EEB La primera definición de la EEB realizada por Wells et al. (1987) describía la enfermedad como una alteración neurológica esporádica del ganado vacuno adulto, de inicio insidioso, curso progresivo y desenlace fatal, cuyos signos clínicos predominantes eran aprensión, hiperestesia e incoordinación. Estudios posteriores realizados durante la epidemia de la EEB en Reino Unido muestran que éstos son los signos clínicos más frecuentes en los animales afectados por la EEB, presentando como mínimo uno de estos signos el 97 % de los casos (Wilesmith et al., 1992 a). Asimismo, la detección de casos de EEB en otros países ha revelado un cuadro clínico similar al descrito en Reino Unido (Orge et al., 2000; van Keulen et al., 2000; Tegtmeier et al., 2001; McElroy y Weavers, 2001). Una característica común de las EET, mencionada ya anteriormente, es el largo periodo de incubación de estas enfermedades. En el caso de la EEB, se considera que la mayoría de los animales se infectan durante los primeros meses de vida y presentan los primeros signos clínicos a los 5 años de edad (Winter et al., 1989; Kimberlin, 1992; Wilesmith et al., 1992 b), siendo éste el periodo medio de incubación de la enfermedad. Sin embargo, este periodo es muy variable, ya que el animal más joven diagnosticado hasta el momento tenía 20 meses y el más viejo más de 19 años (www.defra.gov.uk). Los estudios epidemiológicos realizados en Reino Unido indican que la edad de inicio de la sintomatología está aumentando hasta los 7 años y establecen la posibilidad de que casos con mayores periodos de incubación puedan seguir presentándose en el futuro (Prince et al., 2003). Por otro lado, destacar que hasta la fecha no se ha identificado ninguna predisposición a padecer la EEB en función del sexo, raza o genotipo del animal (Wilesmith et al., 1992 b; Prince et al., 2003). Los signos clínicos de la EEB se han agrupado en tres categorías generales: cambios de comportamiento, alteraciones de la sensibilidad, y alteraciones locomotoras y de la postura (Kimberlin, 1992). El curso clínico de la enfermedad puede variar entre menos de dos semanas y un año, siendo el promedio de uno a dos meses (Kimberlin., 1992). Habitualmente, los primeros signos que se pueden observar son cambios de comportamiento como nerviosismo y rechazo al ordeño, por lo que sólo son detectables en animales controlados regularmente; también son frecuentes las alteraciones locomotoras, pérdida de peso y de la condición corporal y reducción de la producción lechera (Winter et al., 1989; Wilesmith et al., 1992 a; Schreuder, 1994; McElroy y Weavers, 2001). El estrés producido por el transporte, partos u otras enfermedades puede precipitar el inicio de la fase clínica o el desarrollo de la enfermedad. Con la progresión de la enfermedad, los signos clínicos se acentúan, llegándose a expresar permanentemente y finalizando irreversiblemente con la muerte del animal (Wilesmith et al., 1988). Los principales signos clínicos de la EEB se describen a continuación; cabe destacar que un animal puede presentar varios de estos signos con diferentes grados de intensidad (Winter et al., 1989 et al., Wilesmith et al., 1992 a; Austin y Simmons, 1993; Austin et al., 1996; Austin et al., 1997; Braun et al., 1998). Éstos son:
La mayoría de estos signos se pueden presentar de forma espontánea o se pueden provocar por estímulos externos que anteriormente no producían ningún efecto en el animal. Si varios de estos signos se repiten espontáneamente en cortos espacios de tiempo o ante estímulos externos, son indicativos de que el animal es sospechoso de padecer la EEB (Berthlein-Baker, 2002 a). Signos Clínicos del Scrapie Al igual que la EEB, la enfermedad de scrapie afecta a animales adultos de ambos sexos y presenta un curso progresivo, con una duración de 1 a 6 meses, que irreversiblemente termina con la muerte del animal (Detwiler, 1992). Los signos clínicos son también similares a los descritos en la EEB; las primeras alteraciones que se observan son cambios de comportamiento, desarrollando progresivamente signos neurológicos más evidentes, principalmente ataxia, prurito e hiperestesia, y caquexia (Clark y Moar, 1992; Fraser, 1997). Sin embargo, a diferencia de la EEB, se ha descrito una gran variabilidad de presentaciones del scrapie dependiendo de diversos factores entre los que se incluyen la cepa del agente causal, el genotipo para el gen PRNP del hospedador, la raza, la edad, el estado general de salud o las situaciones de estrés (SSC, 2000). También se han observado variaciones en los signos clínicos más frecuentes de esta enfermedad entre países y éstos han ido variando a lo largo del tiempo (Detwiler, 1992). La mayoría de los casos se observan en animales de edades comprendidas entre 2 y 5 años, normalmente a los 3 años, aunque se han detectado casos en animales menores de 1 año (Clark y Moar, 1992; www.defra.gov.uk). En aquellos rebaños en los que el scrapie es endémico, la edad de inicio de la enfermedad disminuye progresivamente hasta los 18 - 24 meses, probablemente debido a una mayor exposición al agente causal (Foster y Dickinson, 1989). Aunque los animales se infectan habitualmente en el periodo perinatal, la infección puede ocurrir a cualquier edad y, debido a los largos periodos de incubación, no se ha establecido un límite de edad de presentación (Foster y Dickinson, 1989; Fraser, 1997). De acuerdo con estudios anteriores y los realizados concretamente en el proyecto de investigación FAIRJ-CT98-7021 (Vigilancia y Diagnóstico de las EET en rumiantes), Berthelin-Baker (2002 b), establece cuatro fases en el curso de la enfermedad:
Los primeros signos consisten en ligeros cambios de comportamiento, que pueden producirse de forma irregular, durante cortos periodos de tiempo e incluso pueden pasar inadvertidos. En esta fase se puede observar aprensión, episodios de apatía o de movimiento continuo, desconfianza o alejamiento del rebaño.
Este estadio de la enfermedad se caracteriza por cambios en la calidad de la lana, apatía, reducción de la tolerancia al ejercicio, ligera torpeza o rigidez en el paso y caídas en superficies resbaladizas o ante giros súbitos.
Los animales en esta fase pueden presentar prurito que puede dar lugar a pérdida de lana y lesiones en la piel como consecuencia del rascado, frecuentemente en las extremidades, los flancos, la espalda y la cabeza. Puede provocarse una respuesta característica mediante la estimulación de la zona de la columna vertebral ante lo que el animal responde con movimientos de la cabeza o el cuerpo, mordisqueos o movimientos de los labios. Otros signos característicos que se pueden observar en este estadio de la enfermedad son posiciones anormales de la cabeza y de las orejas así como de la postura, como la separación o cruce de las extremidades, y alteraciones locomotoras, principalmente hipermetría y ataxia del tercio posterior con caídas y dificultad para levantarse. Al manejar a los animales se puede detectar rechinar de dientes y temblores, generalmente en la cabeza, e incluso reacciones de pánico. También pueden observarse animales que presentan fluido ruminal y abundante saliva en la cavidad nasal y en los ollares. Por último, la reducción en la rumia observada en esta fase puede ser la causa de la pérdida de peso o de la condición corporal observada en un alto porcentaje de los animales afectados por scrapie (Austin y Simmons, 1993; Healy et al., 2002).
En esta última fase, la ataxia progresa afectando a las extremidades anteriores, el animal casi no puede andar, cae frecuentemente y tiene grandes dificultades para levantarse, pasando la mayoría del tiempo postrado. Las reacciones de miedo ante cualquier estímulo se hacen más intensas y los temblores progresan afectando a todo el cuerpo. Se han observado animales que presentan colapsos o convulsiones severas, pudiéndose llegar a producir la muerte del animal durante estos episodios. Ya en los últimos estadios de la enfermedad disminuye la respuesta ante cualquier estímulo, progresando y finalizando con la muerte del animal. Por último, destacar que no todos los animales presentan la evolución de la enfermedad descrita y se ha observado un porcentaje significativo de animales que mueren sin desarrollar signos clínicos (Clark y Moar, 1992), siendo recomendable que todos los animales mayores de 1 año que mueren en las explotaciones de zonas endémicas sin presentar signos previos se consideren sospechosos (SSC, 2000). En el caso del scrapie caprino, el cuadro clínico es muy similar al descrito en el ovino. La mayoría de los casos descritos se han asociado a la presencia del scrapie en el ovino (Detwiler, 1992; Wood et al., 1992), aunque también se han observado en rebaños sin contacto con dicha especie (Andrews et al., 1992). Brevemente, mencionar que la enfermedad se presenta principalmente en animales de entre 2 y 5 años y el curso clínico es progresivo, con una duración de 2 semanas a 6 meses (2 meses de media). Los primeros signos son alteraciones del comportamiento, como rechazo al ordeño e hiperexcitabilidad; al progresar la enfermedad los signos más frecuentes son ataxia, especialmente del tercio posterior, hiperestesia y prurito. Otros signos clínicos descritos incluyen temblores (generalmente de la cabeza), desorientación, alteraciones de la visión, ptialismo y pérdida de la condición corporal (Hadlow et al., 1980; Andrews et al., 1992; Wood et al., 1992). Diagnóstico Diferencial Existen un gran número de enfermedades que afectan a los rumiantes y pueden presentar signos clínicos similares a los descritos en los animales afectados por la EEB o el scrapie, sobre todo en fases tempranas de la enfermedad en que los signos pueden ser sutiles, variables e inespecíficos (Wilesmith et al., 1992 a). Sin embargo, algunas características generales de la EEB y del scrapie permiten orientar en el diagnóstico clínico de estas enfermedades, aunque la confirmación del diagnóstico de una EET sólo puede realizarse mediante técnicas de diagnóstico post mortem. Teniendo en cuenta que estas enfermedades se caracterizan por ser procesos no febriles del ganado adulto, con signos neurológicos generalmente simétricos y un curso clínico progresivo, de inicio lento e insidioso y de carácter irreversible, y que no responden al tratamiento, se pueden considerar o descartar en el diagnóstico clínico otras patologías como procesos febriles (por ejemplo las meningoencefalitis bacterianas), de presentación aguda y rápida evolución (enfermedad de Aujezsky), con signos neurológicos predominantes asimétricos (otitis, listeriosis) o animales que se recuperan de forma espontánea o tras un tratamiento (hipomagnesemia, cetosis nerviosa). Por otro lado, cabe mencionar que se han detectado animales que padecían simultáneamente una EET y otra enfermedad neurológica como la listeriosis, aunque de forma excepcional (McGill y Wells, 1993; van Keulen et al., 1996). En general, la mayoría de las enfermedades que manifiestan signos neurológicos deben tenerse en cuenta en el diagnóstico diferencial de las EET, siendo las principales: rabia, enfermedad de Aujezsky, Louping ill, listeriosis, hipocalcemia, hipomagnesemia, toxemia de gestación, intoxicaciones de origen químico o por plantas, necrosis cerebrocortical y tumores del SNC; en el caso del bovino debe considerarse también la fiebre catarral maligna y en el del ovino el visna, la cenurosis y diversos ectoparásitos (Clarck y Mohar, 1992; Detwiler, 1992; Jeffrey, 1992; Kimberlin, 1992; McGill y Wells, 1993; Schreuder, 1994; Leontides et al., 2000). Todos los casos sospechosos clínicamente de padecer una EET deben ser analizados mediante técnicas histopatológicas para descartar o confirmar la enfermedad (OIE, 2000; Reglamento CE Nº 999/2001). En los análisis realizados en diferentes laboratorios de la UE en el marco del programa de vigilancia de las EET, un porcentaje considerable de animales sospechosos remitidos para confirmar el diagnóstico clínico no presentaban lesiones significativas en el SNC, llegando en algunos casos a alcanzar el 61% de los animales negativos a la EEB (Jeffrey, 1992; McGill y Wells, 1993; Simmons et al., 1996; Braun et al., 1998; Koo et al., 2001). Entre las causas posibles se encuentran las enfermedades que aunque pueden producir signos clínicos similares a los de las EET, no afectan al encéfalo, como alteraciones de la médula espinal, musculares, del sistema nervioso periférico o metabólicas (McGill y Wells, 1993). Por otro lado, destacar que en el transcurso del programa de vigilancia pasiva de la UE se han descrito algunas enfermedades de origen desconocido que no se habían descrito anteriormente en el ganado vacuno. Entre éstas se encuentra una encefalopatía, caracterizada por una cromatolisis neuronal en el tronco del encéfalo y esclerosis del hipocampo, cuyos signos clínicos más frecuentes (aprensión, temblores, ataxia y pérdida de la condición corporal) son muy similares a los de la EEB (Jeffrey y Wilesmith, 1992). También se ha descrito una meningo angiomatosis (Jeffrey, 1992) o convulsiones epileptiformes asociadas a una degeneración del hipocampo (Braun et al., 2002). Una clasificación posible de las enfermedades que pueden presentar signos clínicos compatibles con las EET en rumiantes es la siguiente (Summers et al., 1995): Enfermedades Inflamatorias del SNC Encefalitis Víricas La rabia (producida por un virus de la familia Rhabdoviridae), hasta su erradicación en la mayoría de los países europeos, ha sido una de las principales enfermedades neurológicas de origen vírico del ganado y, cabe destacar, que en algunos países el primer caso de EEB se ha detectado en un animal sospechoso de rabia (Heim y Kihm, 1999). Afecta a animales domésticos y salvajes de cualquier edad y, aunque puede presentar signos similares a las EET como alteraciones de comportamiento, agresividad, hiperestesia, temblores o ataxia, el curso clínico es muy corto, de 2 a 6 días (Heuschele, 1987). La enfermedad de Aujezsky (familia Herpesviridae), cuya transmisión a los rumiantes está relacionada directa o indirectamente con la enfermedad en el ganado porcino, también presenta un curso clínico muy corto, de menos de 24 horas hasta unos 6 días. Afecta esporádicamente a especies como el vacuno u ovino y el signo clínico más característico es un prurito intenso (Fernández de Luco et al., 1992). La fiebre catarral maligna (Herpesviridae), es una enfermedad pansistémica de carácter agudo, con un curso de entre 2 y 5 días, que afecta al ganado vacuno; presenta diversos signos clínicos como fiebre, disnea o diarrea y en algunos casos puede presentar signos neurológicos como temblores, incoordinación y convulsiones (Yus et al., 1999; Cortez et al., 2001). La rinotraqueitis infecciosa bovina (Herpesviridae) se caracteriza por presentar fiebre y signos clínicos respiratorios, pero ocasionalmente puede observarse en bovinos jóvenes otros signos como anorexia, excitación o depresión, lamidos excesivos de los flancos, ataxia y postración (Heuschele, 1987). Cabe destacar que en el transcurso del programa de vigilancia pasiva de la UE, se ha descrito un caso de meningoencefalitis causada por un herpesvirus bovino tipo 1 en un bovino adulto con una incapacidad progresiva para mantenerse en pie (Roels et al., 2000). El visna (Retroviridae), que afecta al ganado ovino adulto, puede dar lugar a un cuadro clínico muy similar al del scrapie, caracterizado por un largo periodo de incubación, inicio insidioso, evolución progresiva e irreversible con un deterioro de la condición corporal. El signo neurológico más característico es una incoordinación progresiva terminando el animal con postración e incapacidad para levantarse (Luján et al., 2001). La artritis encefalitis caprina (Retroviridae) es una enfermedad cuya etiopatogenia es muy similar al maedi visna ovino aunque se presenta principalmente a animales jóvenes y sólo esporádicamente el ganado caprino adulto desarrolla una forma neurológica similar al visna (Contreras et al., 2003). El Louping ill (Flaviviridae) afecta generalmente al ganado ovino, aunque de forma esporádica se ha detectado en el bovino. Se transmite por garrapatas (Ixoides ricinos) por lo que su distribución y manifestación está asociada a la presencia de estos parásitos activos en los pastos y al ciclo estacional de los mismos (inicio de la primavera y del otoño). Entre los animales infectados, sólo algunos presentan signos neurológicos como ataxia, incoordinación de movimientos, parálisis posterior, postración y muerte a los 2 - 5 días del inicio del proceso; ocasionalmente se ha observado rechinar de dientes e incremento de la salivación (González et al., 1987). La enfermedad de Borna (Bornaviridae) también afecta generalmente al ganado ovino y de forma esporádica al bovino. Presenta un curso clínico progresivo (3 semanas), con anorexia, fases alternas de excitación y depresión, temblores musculares, ataxia, paresia y postración. En el ganado bovino los síntomas clínicos más comunes son fiebre, anorexia, rechinar de dientes, movimientos en círculo, temblores, ataxia, paresia y finalmente incapacidad para levantarse; el curso clínico varía entre 1 y 6 semanas (Bode et al., 1994). Meningoencefalitis Bacterianas y Abscesos Una de las enfermedades más frecuentemente diagnosticada en el programa de vigilancia de las EET en la UE es la listeriosis (McGill y Wells, 1993). El curso clínico de esta enfermedad tiene una duración de aproximadamente 5 días y los signos neurológicos, generalmente unilaterales, son consecuencia de las lesiones que se producen por la presencia de la bacteria de la especie Listeria monocytogenes en el tronco del encéfalo: torsión de la cabeza hacia un lado, con el cuello rígido y caminar en círculo, caída de la oreja y del párpado afectado, conjuntivitis, hipoalgesia facial, boca semiabierta y lengua caída; en general, los animales presentan incoordinación de movimientos que evoluciona a postración, con pedaleo, opistótonos y nistagmos (Low, 2000). La infección por esta bacteria está asociada al consumo de ensilados contaminados, por lo que incrementa su incidencia durante el invierno y la primavera. Un aspecto diferencial de las EET es que los animales suelen responder al tratamiento, sobre todo si se inicia en las primeras fases de la enfermedad (Erdogan et al., 2001). Otras meningoencefalitis de origen bacteriano pero con una incidencia menor son: La encefalomielitis esporádica bovina (Chlamydia psittaci) presenta un curso agudo o subagudo y se caracteriza por fiebre, depresión, anorexia y ataxia; ocasionalmente se puede observar en las primeras fases de la enfermedad disnea, diarrea e hipersalivación (Heuschele, 1987). La meningoencefalitis tromboembólica bovina (Haemophilus somnus) afecta generalmente a animales de 1 año de edad. Los signos clínicos, entre los que se encuentran rechazo al movimiento, ataxia, ceguera, depresión, excitabilidad o torneo, son muy variables y en ocasiones la enfermedad puede ser fulminante (Descarga et al., 2002). La tuberculosis meníngea (Mycobacterium bovis) puede presentar signos neurológicos y se ha descrito en una vaca sospechosa de padecer la EEB que presentaba posturas anormales de la cabeza y la boca, ptialismo y un deterioro general progresivo hasta la postración (Roels et al., 2003). Las meningoencefalitis causadas por diversos agentes como pasteurelas, estreptococos o coliformes, son frecuentes en animales jóvenes, en general como consecuencia de una septicemia. Ocasionalmente pueden presentarse en animales adultos normalmente asociadas a traumatismos, sinusitis u otitis (Rings, 1987; Summers et al., 1995). Finalmente, los abscesos en el SNC pueden dar lugar a diversos signos neurológicos en función de su localización y extensión, principalmente por el efecto de compresión que producen en las estructuras contiguas. Los signos progresan lentamente y en general los animales se muestran deprimidos y adoptan posiciones anormales de la cabeza; pueden observarse, entre otros, ceguera, inmovilidad, caminar en círculo o ataxia (Scott, 2000). En ocasiones los abscesos en el SNC pueden originarse por infecciones causantes de sinusitis u otitis que afectan al tejido nervioso contiguo o se diseminan por la circulación sanguínea (Saegerman et al., 2003). Meningoencefalitis Parasitarias La cenurosis, producida por el estadio larvario (Coenurus cerebralis) de la Taenia multiceps del perro, afecta principalmente al ganado ovino. Los signos clínicos son variables, dependiendo del lugar donde se produce la lesión, y son consecuencia de la migración de la larva por el tejido nervioso en una primera fase (aguda), y de la formación del cenuro afectando a diversas estructuras nerviosas y comprimiendo el tejido adyacente en una segunda fase (crónica). En la fase aguda los signos clínicos pueden pasar desapercibidos esporádicamente, aunque en general se observa incoordinación, postración y convulsiones, pudiéndose producir la muerte a los 4 - 5 días del inicio de los signos. En la fase crónica frecuentemente se observa incoordinación, torneo, pérdida de visión, lateralización de la cabeza, presión de objetos con la cabeza, parálisis y convulsiones (Kimberling, 1988). Otras enfermedades parasitarias que de forma esporádica pueden manifestar signos neurológicos son: La hipodermosis en bovino (Hypoderma bovis) y la parelafostrongilosis en ovino (Parelaphostrongylosis tenuis) en las que pueden observarse alteraciones motoras y parálisis producidas por la migración de la larva a través de la columna vertebral (Jortner et al., 1985; Jones et al., 1996). La babesiosis (Babesia spp) en fases agudas puede originar depresión, incoordinación y convulsiones (Wagner et al., 2002). Traumatismos del SNC Existen muchas causas de lesiones traumáticas del SNC, aunque no son muy frecuentes en los rumiantes. Estas causas pueden ser extrínsecas, como atropellos, caídas, patadas o accidentes en el momento del parto, o intrínsecas, como prolapsos de disco intervertebral, malformaciones o fracturas vertebrales como consecuencia de una osteopenia nutricional, una osteomielitis o una neoplasia (Summers et al., 1995). Los accidentes en el parto pueden originar fracturas vertebrales o lesiones en el canal del parto provocando paresia o parálisis o, más frecuentemente, isquemia como consecuencia de una postración prolongada, dando lugar a una paraplejia. Las fracturas del cráneo o de la columna vertebral y las luxaciones o compresiones de la médula espinal a menudo se caracterizan por una hiperestesia en la zona localizada cranealmente a la lesión y ausencia de sensibilidad en la zona posterior, paresia o parálisis (Saegerman et al., 2003). Enfermedades degenerativas del SNC Alteraciones Metabólicas La encefalopatía hepática que afecta a rumiantes adultos generalmente es consecuencia de una degeneración y necrosis hepática de origen tóxico o de infestaciones crónicas por parásitos hepáticos (Summers et al., 1995). Los signos neurológicos incluyen alteraciones del comportamiento, depresión, ataxia, ceguera, convulsiones y coma. La encefalopatía renal suele ser consecuencia de una insuficiencia renal, una inflamación aguda o crónica o una intoxicación aguda por amoniaco debido generalmente a un suplemento inadecuado de urea en la alimentación o a deficiencias enzimáticas en el ciclo de la urea. Entre los signos clínicos descritos se encuentran depresión, temblores musculares, anorexia, deshidratación y debilidad (Summers et al., 1995). Algunas alteraciones metabólicas como la hipocalcemia, la hipomagnesemia o la toxemia de gestación, aunque no presentan lesiones en el SNC o éstas son mínimas, pueden dar lugar a un cuadro clínico con signos similares a los de una EET, sobre todo en sus fases iniciales. La falta de respuesta al tratamiento en las EET es una forma de distinguirlas de estas enfermedades metabólicas (Kimberlin, 1992). La hipocalcemia se presenta al final de la gestación o durante las primeras semanas que siguen al parto. Se caracteriza inicialmente por depresión o excitación, anorexia, incapacidad para levantarse y mantenerse en pie, movimientos anormales de la boca y lengua, espasmos, ataxia, paresia, finalizando con postración, coma y muerte en menos de 2 días (Larsen et al., 2001). La toxemia de gestación afecta generalmente a animales gestantes en el último tercio de la gestación. El curso clínico de la enfermedad es progresivo, de aproximadamente una semana de duración, y puede observarse depresión, el animal se separa del rebaño y tiende a la inmovilidad, hiperestesia, alteraciones de la marcha, postración y muerte (Pastor et al., 2001). La hipomagnesemia suele manifestarse durante la lactación y tras el cambio de alimentación de concentrados a pastos. Normalmente presenta un curso agudo que se caracteriza por signos como excitabilidad, rechinar de dientes, salivación, ataxia, espasmos musculares, opistótonos, postración y muerte (Martens y Schweigel, 2000). Intoxicaciones y Toxiinfecciones Los animales están expuestos a una gran variedad de sustancias tóxicas presentes en el medio que en muchas ocasiones causan alteraciones funcionales del sistema nervioso sin producir cambios morfológicos. El origen de estas sustancias es muy diverso e incluye plantas tóxicas, contaminación de pastos o alimentos con bacterias u hongos productores de toxinas, tratamientos fitosanitarios o veterinarios o sustancias tóxicas derivadas de la actividad industrial. La importancia relativa de algunas intoxicaciones causadas por estas sustancias nocivas ha ido disminuyendo debido a una mayor información, control, prevención y prohibición de algunas sustancias y actividades. Entre las intoxicaciones producidas por la ingestión de toxinas presentes en las plantas se encuentra la producida por falaris (Phalaris brachystachys), cuyo principio tóxico es un alcaloide. Se puede presentar con un curso sobreagudo, con muertes súbitas, agudo o crónico y con una alta mortalidad. La forma aguda suele iniciarse con anomalías en la marcha, incoordinación, debilidad, temblores musculares, hiperexcitabilidad y movimiento vertical continuo de la cabeza, que evoluciona hasta la postración del animal con rigidez espástica de las extremidades. Los síntomas pueden comenzar incluso 4 ó 5 meses después de que los animales hayan sido retirados de los pastos con falaris (Fernández de Luco et al., 1991). Otros principios tóxicos presentes en las plantas que pueden dar lugar a alteraciones neurológicas son los glicósidos cianogénicos, presentando temblores musculares y debilidad progresiva, y los oxalatos, cuya intoxicación aguda generalmente produce síntomas similares a la hipocalcemia y una crónica puede llegar a causar un fallo renal (Angus, 2000 a). Las micotoxinas más frecuentemente implicadas en la contaminación de los alimentos del ganado son las producidas por los hongos del género Aspergillus, Penicillum y Fusarium (Osweiler, 2000); entre otras, se han descrito alteraciones nerviosas en rumiantes asociadas al consumo de piensos concentrados contaminados con Aspergillus clavatus o heno contaminado con Aspergillus fumigatus (Le Bars y Le Bars, 1996). El consumo de Lolium perenne contaminado con el hongo Acremonium lolii puede causar una intoxicación aguda en ovinos y bovinos dando lugar a ataxia del tercio posterior, incoordinación, posturas anormales, temblores y colapsos (Summers et al., 1995). Las sustancias químicas que pueden producir intoxicaciones en el ganado son muy diversas y se pueden clasificar en inorgánicas, derivadas principalmente de la actividad industrial, y orgánicas, producidas para el uso agrícola o ganadero como pesticidas, herbicidas, fungicidas o rodenticidas. El cuadro clínico varía en función del compuesto ingerido, la frecuencia y la dosis, siendo las intoxicaciones subagudas o crónicas las que deben tenerse en cuenta en el diagnóstico diferencial de las EET. Entre las sustancias químicas que pueden dar lugar a un cuadro clínico neurológico, aunque frecuentemente acompañados de otros signos como diarrea, se encuentran (Summers et al., 1995; Simpson et al., 1997; Hoff et al., 1998; Angus, 2000 b): El plomo, procedente de baterías, pinturas viejas, grasa o aceites de maquinaria o de la actividad minera. La intoxicación es más frecuente en el ganado bovino que en el ovino y generalmente afecta a los animales jóvenes en los que pueden observarse signos como depresión, ceguera, presión de la cabeza contra objetos y paso inestable. El mercurio, procedente de fungicidas o desechos industriales, puede ocasionar anorexia, ataxia, ceguera, convulsiones, paresia, coma y muerte. Los imidazotioles, utilizados como antiparasitarios, pueden producir salivación, temblores musculares, ataxia y colapsos. Los antibióticos del grupo de los ionóforos pueden originar debilidad muscular, rigidez e incoordinación. Los compuestos organofosforados, procedentes de insecticidas, acaricidas, antiparasitarios y desechos industriales, se caracterizan por producir una ataxia del tercio posterior que generalmente progresa hasta una paraplejia. La sal, cuya intoxicación suele ser consecuencia de un desequilibrio entre el consumo de sales y la falta de disponibilidad de agua, puede dar lugar a depresión, debilidad, espasmos musculares, hiperestesia, agresividad y ataxia. Por último, existen diversas enfermedades cuyos signos clínicos neurológicos son consecuencia de la acción de toxinas producidas por bacterias: La encefalomalacia simétrica focal, producida por la toxina del Clostridium perfingens tipo D, afecta principalmente a corderos y ocasionalmente a terneros, aunque también se ha descrito en el ganado bovino adulto lesiones compatibles con esta enfermedad (Jeffrey, 1992). Los animales pueden presentar depresión, rechinar de dientes, ceguera y ataxia (Rings, 1987). El botulismo (Clostridium botulinum) puede afectar a rumiantes de cualquier edad y se caracteriza por una parálisis flácida muscular bilateral progresiva. El origen de la intoxicación suele ser el consumo de alimentos o agua contaminada por cadáveres de pájaros o pequeños animales putrefactos (Galey et al., 2000; Cobb et al., 2002). El tétanos (Clostridium tetani) también puede afectar a rumiantes de cualquier edad y se caracteriza por una rigidez muscular progresiva con una extensión espástica de las extremidades y opistótonos en las fases terminales de la enfermedad (Lewis, 2000). Enfermedades Nutricionales La necrosis cerebrocortical, asociada a una deficiencia en tiamina o vitamina B1, es la enfermedad más importante de este grupo que afecta a los rumiantes adultos, aunque su incidencia es mayor durante los primeros meses de vida del animal. El curso clínico, generalmente de carácter agudo, suele iniciarse con depresión, separación del animal del rebaño, temblores musculares, ceguera y ataxia; los signos progresan hasta que el animal se postra presentando nistagmos, rigidez de las extremidades y flexión el cuello adoptando la posición denominada de "mirada de astrónomo". Esporádicamente, el animal puede sobrevivir de forma espontánea y si se trata con tiamina al inicio del curso clínico se puede recuperar (Scott, 2000). Otras deficiencias como la de vitamina A y E o de cobre afectan principalmente a animales jóvenes. Enfermedades Degenerativas Hereditarias, Familiares e Idiopáticas La ataxia progresiva del bovino charolés es una enfermedad hereditaria que afecta a animales entre 1 y 2 años de edad y se caracteriza por una ataxia, generalmente de las extremidades posteriores, que se agrava progresivamente hasta la postración del animal (Summers et al., 1995). La axonopatía de ovinos de raza merino se presenta en animales de entre 1 y 4 años de edad y se caracteriza por una paresia progresiva de las extremidades posteriores (Summers et al., 1995). La mielopatía de ovinos de raza merino afecta a animales de entre 5 meses y 2 años de edad en los que puede observarse posiciones anormales de las extremidades posteriores y ataxia (Summers et al., 1995). El síndrome de Weaver o la mieloencefalopatía degenerativa progresiva del bovino de raza parda alpina, se presenta en animales de entre 5 y 8 meses de edad y los signos clínicos progresan lentamente hasta los 2 ó 3 años. Estos signos se caracterizan por una debilidad del tercio posterior, ataxia y dismetría (Stuart y Leipold, 1985). La enfermedad de Lafora se ha asociado a signos neurológicos como aprensión, temblores y ataxia observados ocasionalmente en bovinos adultos (Simmons, 1994). Tumores del SNC La frecuencia de los tumores del SNC en los rumiantes es bastante baja, debido principalmente a que la vida productiva del animal es muy corta y se sacrifican antes de que puedan desarrollarse o presentar sintomatología. Sin embargo, el examen histopatológico de un gran número de encéfalos de animales sospechosos de padecer una EET en el programa de vigilancia pasiva de la UE ha permitido la identificación de diversas neoplasias que afectan al SNC como ependinomas, neuroblastomas, neurofibromas, sarcomas meníngeos, adenocarcinomas, glioblastomas y linfomas de células B (Jeffrey, 1992; McGill y Wells, 1993; Roels y Vanopdenbosch, 2001; Saegerman et al., 2003). Enfermedades No Neurológicas Las alteraciones no neurológicas que deben tenerse en cuenta en el diagnóstico diferencial de las EET son las enfermedades de la piel, sobre todo en el ganado ovino en el que el prurito, y las lesiones asociadas al mismo, es un signo frecuente. Entre éstas destaca la sarna (Psoroptes spp), cuyas lesiones generan prurito y alteración de la lana y de la piel de la zona afectada (van der Broek y Huntley, 2003). Otra enfermedad cuyos signos pueden confundirse con el prurito es la oestrosis (Oestrus ovis) cuyas larvas se localizan en la cavidad nasal de los ovinos y los animales afectados pueden presentar excitabilidad y rascado de la cabeza contra objetos (Bates, 2000). Por último, diversas enfermedades caquectizantes, como la paratuberculosis, la forma respiratoria del virus maedi visna o las infestaciones masivas de endoparásitos también deben considerarse en el diagnóstico diferencial de las EET. Métodos de Confirmación Como se ha indicado anteriormente, los métodos de confirmación del diagnóstico de las EET reconocidos en el marco del programa de vigilancia de las EET son el examen histopatológico, la detección de la PrPsc mediante técnicas IHQ o de WB y la observación de las SAF mediante microscopía electrónica. Todos estos análisis se realizan post mortem sobre muestras de tejido del SNC. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los métodos de diagnóstico actuales no permiten la detección de todos los animales infectados. Las características clínicas y patológicas (lesiones y acúmulo de PrPsc en el SNC) de la enfermedad en las que se basan los métodos de diagnóstico, sólo se manifiestan al final del periodo de incubación, cuando el agente ha alcanzado el SNC (Wells et al., 1998). Así, los animales que presentan signos clínicos representan sólo una parte de los infectados (Anderson et al., 1996) y los tests de diagnóstico utilizados sólo pueden detectar a los animales en las últimas fases de la infección.
Examen Histopatológico Las lesiones histopatológicas en las EET se caracterizan por una neurodegeneración espongiforme, acompañada generalmente de gliosis, degeneración y pérdida neuronal y, en determinados casos, amiloidosis cerebral (Wells y McGill, 1992); estas lesiones son únicamente microscópicas y se localizan exclusivamente en el SNC (Wells y Wilesmith, 1995). Degeneración Espongiforme La lesión característica de las EET es la vacuolización, generalmente bilateral y simétrica, del pericarion neuronal y del neuropilo de la sustancia gris (espongiosis) localizada en regiones neuroanatómicas concretas (Wells y McGill, 1992; OIE, 2000; Ligios et al., 2002). Las lesiones que se observaron en los primeros casos de EEB indicaban que esta nueva enfermedad se podía incluir dentro del grupo de las EET (Wells et al., 1987). En la EEB la espongiosis predomina sobre la vacuolización del pericarion neuronal (Wells et al., 1989; Kimberlin, 1992) y la lesión se localiza principalmente en la médula oblongada produciéndose una disminución caudo - rostral de su intensidad (Wells y Wilesmith, 1995). Las principales áreas del SNC donde se localiza la vacuolización son las astas dorsales en la médula espinal, el núcleo del tracto solitario, el núcleo dorsal del nervio vago, el núcleo del tracto espinal del nervio trigémino, los núcleos vestibulares y la formación reticular en la médula oblongada, la sustancia gris central en el mesencéfalo, el área paraventricular en el hipotálamo y el tálamo y el área septal. Con menor frecuencia e intensidad se pueden observar también vacuolizadas otras áreas del SNC como el hipocampo, corteza cerebelar o cerebral y los núcleos basales (Wells et al., 1991; Wells y Wilesmith, 1995). Un estudio que se realizó al inicio de la epidemia de EEB en Reino Unido demuestra que mediante el examen histopatológico de una única sección de la médula oblongada al nivel del obex, valorando el núcleo del tracto solitario y el núcleo del tracto espinal del nervio trigémino, se pueden detectar el 99,6% de los casos que presentan lesiones (Wells et al., 1989). Este sistema, validado por estudios posteriores (Simmons et al., 1996), se aplicó como método de diagnóstico en Reino Unido y se ha recogido en el Manual de normas para pruebas de diagnóstico y vacunas de la OIE (2000). En aquellos casos sospechosos en que no se observen lesiones en la médula oblongada al nivel del obex es necesario el examen de otras áreas del SNC: la médula oblongada al nivel de los pedúnculos cerebelares y el mesencéfalo. La distribución de las lesiones en el SNC de los bovinos afectados por la EEB se ha mantenido constante durante la epidemia en Reino Unido (Wells et al., 1991; Wells et al., 1995; Simmons, 1996) y es similar a la descrita en otros países (Orge et al., 2000; Tegtmeier et al., 2001). Esta uniformidad observada en el perfil lesional sugiere que el agente causal de la EEB es una única cepa estable adaptada al bovino (Wells et al., 1995); el fenotipo constante que produce la inoculación del agente causal de la EEB en animales de experimentación (Bruce et al., 1997) así como el patrón de glicosilación (Kuczius et al., 1998) apoyan esta hipótesis. Sin embargo, estudios recientes realizados en Francia e Italia han detectado casos de EEB caracterizados por un patrón diferente de la distribución topográfica de los acúmulos de PrPsc, la presencia de placas de amiloide PrPsc positivas y un patrón de glicosilación distinto, lo que podría indicar que existen otras cepas diferentes de EEB (Biacabe et al., 2003; Casalone et al., 2004). En el caso del scrapie ovino la vacuolización es más destacada en la médula espinal, tronco del encéfalo y tálamo pero, a diferencia de la EEB, existe una gran variación en la distribución topográfica de las lesiones entre los individuos (Detwiler, 1992; Wood et al., 1997; OIE, 2000). La vacuolización puede afectar a la sustancia gris de diversas áreas del encéfalo, observándose en un alto porcentaje de los casos en la corteza cerebral y cereberal (Wood et al., 1997). Entre los factores que pueden influir en el perfil lesional se han descrito: la cepa del agente causal del scrapie, el genotipo del gen PRNP, la vía de infección, la edad del hospedador en el momento de la infección y la duración de la fase clínica (Begara-McGorum et al., 2002; Ligios et al., 2002). A pesar de la variabilidad existente, el área que con mayor frecuencia e intensidad está afectada es la médula oblongada al nivel del obex, siendo generalmente el núcleo dorsal del nervio vago la primera localización de la vacuolización. Otras localizaciones que frecuentemente se encuentran afectadas en las primeras fases de la enfermedad son el núcleo del tracto solitario, el rafe medio, el núcleo del tracto espinal del nervio trigémino y el núcleo de la oliva (Begara-McGorum et al., 2000; Hamir et al., 2001). Recientemente se han detectado unos casos atípicos de scrapie en Noruega que no presentan vacuolización en la médula oblongada al nivel del obex, siendo las áreas más afectadas la corteza cerebelar y cerebral y, en menor medida, el mesencéfalo. Este perfil lesional atípico se acompaña de una distribución de la PrPsc y un patrón de glicosilación diferente a otros casos de scrapie, se presenta en ovejas con al menos un haplotipo AHQ y se ha asociado a una nueva cepa de scrapie, posiblemente de origen espontáneo (Benestad et al., 2003). El scrapie en el ganado caprino presenta una distribución topográfica de la vacuolización similar al ovino; es más intensa en la médula espinal, médula oblongada, mesencéfalo y tálamo, pero también puede observarse en otras áreas como el hipocampo, la corteza cerebelar y cerebral y los núcleos basales (Hadlow et al., 1980; Wood y Done, 1992). A pesar de la uniformidad en el perfil lesional presente en la EEB y en menor medida en el scrapie, el examen histopatológico del encéfalo no garantiza la confirmación del diagnóstico de todos los casos clínicos de estas enfermedades. Las lesiones vacuolares varían en intensidad y en determinados casos pueden ser mínimas o insuficientes para confirmar el diagnóstico, dando lugar a resultados no concluyentes (Wells et al., 1989; Begara-McGorum et al., 2000). Por otro lado, se puede observar una vacuolización del tejido nervioso por muy diversas causas, tanto patológicas como no patológicas. En bovinos con signos neurológicos, así como en animales sanos, se ha observado una vacuolización del pericarion neuronal en diversas regiones neuroanatómicas cuya causa se desconoce; se presenta frecuentemente en el núcleo rojo y en el núcleo habenular y ocasionalmente en otras áreas como la formación reticular, la sustancia gris intermedia de la médula espinal, el núcleo parasimpático y el núcleo motor del nervio facial, el núcleo motor del nervio oculomotor, el núcleo gracilis y el núcleo cuneado lateral (McGill y Wells, 1993; Gavier-Widen et al., 2001). En el caso del ovino también se puede detectar vacuolización en neuronas y en el neuropilo en diferentes localizaciones en animales no afectados por una EET, entre las que se encuentra el núcleo dorsal del nervio vago (Schreuder et al., 1997; OIE, 2000). Asimismo, diversas causas debidas a la toma o procesado de la muestra pueden producir artefactos que enmascaran o se asemejan a las lesiones producidas por una EET (Wells et al., 1989; Wells y Wells, 1989; Jeffrey, 1992):
A diferencia de la espongiosis observada en las EET, la vacuolización asociada a la autolisis o un procesado inadecuado suele presentar una distribución uniforme en el tejido nervioso (Wells y Wells, 1989). Finalmente, destacar que el término encefalopatía espogiforme es un término descriptivo que en neuropatología alude a cualquier enfermedad donde la espongiosis o vacuolización es la lesión predominante (Wells, 2002). La espongiosis puede afectar tanto a la sustancia gris como a la blanca, siendo las enfermedades priónicas el principal ejemplo de enfermedades con vacuolización de la sustancia gris. La necrosis cerebrocortical o la intoxicación por plomo produce una espongiosis laminar en el neuropilo de la corteza cerebral (Summers et al., 1995). La espongiosis de la sustancia blanca es característica de diversas alteraciones tóxicas y metabólicas, como la encefalopatía hepática o la encefalopatía renal (McGill y Wells, 1993). En Reino Unido se han observado un gran número de animales que presentan una vacuolización focal de la sustancia blanca, afectando principalmente a la sustancia negra del mesencéfalo y que en ocasiones se extiende rostralmente hasta el tálamo o la cápsula interna. Esta alteración se presenta tanto en animales sanos como con signos neurológicos, por lo que su significado clínico no está claro; se ha asociado a una posible disfunción hepática, metabólica o a factores tóxicos, debido a que es similar en cuanto a la forma, aunque no en su distribución, a la observada en la encefalopatía hepática y renal (Jeffrey, 1992; McGill y Wells, 1993; Gavier-Widen et al., 2001). Wells et al. (1995) han detectado una mayor prevalencia de esta alteración en invierno lo que sugiere que puede estar relacionada con las prácticas de manejo o alimentación. Gliosis La gliosis es una respuesta común e inespecífica de las células de la glía frente a diferentes estímulos y que también está presente frecuentemente en las enfermedades priónicas (Summers et al., 1995). En las EET puede observarse una astrogliosis hipertrófica y una activación de la microglía, generalmente asociadas a los depósitos de PrPsc, la vacuolización y la degeneración neuronal (Wells et al., 1991; Lazarini et al., 1994; Rezaie y Lantos, 2001; Titeux et al., 2002). Tanto los astrocitos como la microglía pueden acumular PrPsc en casos naturales y experimentales de EET (Ye et al., 1998; Andréoletti et al., 2002 a). Degeneración y pérdida neuronal Otra lesión característica de las EET es la degeneración y pérdida neuronal, estudiada principalmente en animales de experimentación inoculados con el agente causal. En casos de infección natural de EEB y scrapie se ha observado además de la vacuolización, otras formas de degeneración neuronal que incluyen neuronas necróticas diseminadas acompañadas en ocasiones por neuronofagia, neuritas distróficas y neuronas contraídas y basofílicas (Wells y Wilesmith, 1995; Wood et al., 1997). En la EEB se observa un despoblamiento neuronal en determinados núcleos del SNC, llegando a producirse una reducción de hasta el 50% de las neuronas en los núcleos vestibulares (Jeffrey et al., 1992; Jeffrey y Halliday, 1994) y en el núcleo de la oliva (Breslin et al., 2003). Entre los núcleos en los que no se ha detectado una pérdida significativa de neuronas se encuentran el dorsal del nervio vago, el hipogloso, el caudado y el rojo (Jeffrey y Halliday, 1994; Breslin et al., 2003). En el scrapie se han observado alteraciones intensas, con una apariencia laminar, en las neuronas piramidales de la lámina V de la corteza cerebral frontal (Wood et al., 1997). Amiloidosis Cerebral En diversas EET humanas y animales se ha observado la presencia de placas densas de amiloide en el SNC coincidentes con un inmunomarcaje frente a la PrPsc (McBride et al., 1988; Wells et al., 1991; Wells y McGill, 1992; Jeffrey et al., 1998; Glatzel y Aguzzi, 2001). Estas placas son abundantes en determinadas EET humanas. Concretamente en el kuru, las denominadas placas de "tipo kuru" pueden observarse junto con finas espículas radiales, mientras que en la vECJ reciben el nombre de placas floridas al encontrarse rodeadas de vacuolas (Ferrer, 2002). La amiloidosis cerebral es también frecuente en el scrapie ovino y, en menor medida, en el caprino. Se localiza en el cerebelo y en áreas rostrales del encéfalo, principalmente en la corteza cerebral. Se presentan como placas generalmente con forma estrellada, rodeadas por áreas de vacuolización del neuropilo y una marcada astrocitosis; también son frecuentes las placas con disposición perivascular (Wood y Done, 1992; Wood et al., 1997; Jeffrey et al., 1998). La presencia de este tipo de placas en la EEB es muy escasa (Wells y Wilesmith, 1995). Técnicas de Detección de la PrPsc Una característica común y específica de las EET es la acumulación en el SNC de la proteína PrPsc, único marcador molecular identificado asociado a estas enfermedades (Prusiner, 1998 a). Se ha demostrado que la acumulación de PrPsc en el tejido nervioso es previa a la neurodegeneración espongiforme (DeArmond y Prusiner, 1993; Wells et al., 1998; Jeffrey et al., 2001 b), por lo que la utilización de métodos sensibles de detección de la PrPsc permite el diagnóstico de los casos en que las lesiones neuropatológicas son mínimas o no están presentes. Además, dada la alta resistencia de los priones a la degradación y a diversos agentes fisicoquímicos (Taylor, 2000), estas técnicas se pueden aplicar en tejidos autolíticos o congelados en los que la falta de integridad del tejido impide el diagnóstico histopatológico. La mayoría de los métodos de diagnóstico actuales se basan en la detección del fragmento resistente a la proteinasa K (PrPres) de la PrPsc mediante el uso de anticuerpos específicos. Los anticuerpos que se utilizan en el diagnóstico de las EET no discriminan entre ambas isoformas de la proteína, por lo que previamente a la detección de la PrPres es necesario degradar la PrPc, generalmente con proteinasa K (PK). Actualmente se están desarrollando algunos anticuerpos que detectan epítopos específicos de la PrPsc, por lo que en estos casos no sería necesario realizar tratamientos previos que degraden la PrPc (Korth et al., 1997; Paramithiotis et al., 2003; Curin et al., 2004). Los autores sugieren que el cambio de conformación de la proteína prión asociado a la enfermedad da lugar a la exposición de epítopos que en la PrPc permanecen ocultos. Sin embargo, la utilidad de estos anticuerpos en el diagnóstico de las EET todavía no se ha confirmado. Demostración de las Fibrillas Asociadas a Scrapie por Microscopía Electrónica Las SAF son marcadores ultraestructurales específicos de las EET (Stack et al., 1997) cuyo constituyente principal es la PrPsc (Hope et al., 1988). Se observaron por primera vez en ratones y hámsters infectados experimentalmente con el agente causal del scrapie (Merz et al., 1981), y posteriormente se han detectado en diversas EET como el scrapie ovino (Stack et al., 1993) y el caprino (Perrin et al., 1991). Su detección en los primeros casos de EEB en Reino Unido constituyó una evidencia adicional al cuadro clínico y lesional para incluir a esta nueva enfermedad dentro del grupo de las EET (Wells et al., 1987). Las SAF se pueden observar mediante microscopía electrónica utilizando técnicas de tinción negativa en fracciones subcelulares de tejido nervioso de animales afectados por la EEB y el scrapie y se pueden identificar por su morfología característica. La metodología consiste básicamente en el tratamiento de fracciones subcelulares del tejido nervioso con detergentes que solubilizan la PrPc mientras que la PrPsc se agrega en forma de varillas o fibrillas que posteriormente se pueden separar mediante ultracentrifugación y visualizar en el microscopio electrónico (Meyer et al., 1986; Stack et al., 1993). Las SAF generalmente miden entre 100 - 500 nm, presentan una disposición lineal y están compuestas de 2 ó 4 filamentos de 4 - 6 nm de ancho. En función de su morfología se pueden identificar principalmente dos tipos de SAF, aunque también se han observado fibrillas que tienen propiedades de los dos tipos (Merz et al., 1981):
Adicionalmente, se observaron estructuras similares a las SAF en hámsters infectados experimentalmente con el agente causal del scrapie que se denominaron varillas de prión; las varillas miden 10 - 20 nm de diámetro y 100-200 nm de longitud y se asociaron con las placas de amiloide presente en diversas EET por su morfología y características de tinción (Prusiner et al., 1983). Estas varillas se detectan únicamente en los animales infectados, reaccionan con anticuerpos frente a la proteína prión y están compuestas principalmente por PrPsc (Barry et al., 1985; Prusiner, 1998 a). Tanto las SAF como las varillas están constituidas principalmente por la PrPsc, pero son diferentes en tamaño, orientación y algunas características de tinción, por lo que algunos autores las consideran diferentes formas morfológicas de la misma proteína (Hope et al., 1988; Stack et al., 1996). Se ha demostrado una relación entre la morfología de los agregados y los métodos utilizados para su purificación (Hope et al., 1988). Estudios comparativos entre diferentes métodos de extracción con detergentes y digestión con proteasas muestran diferencias entre el rendimiento y la claridad de las SAF y en la obtención de fibrillas de configuraciones intermedias entre el tipo I y II; los mejores resultados se obtienen con una combinación del detergente N-laurilsarcosina y la enzima proteolítica subtilisina (Stack et al., 1996; 1997). La alta especificidad de la técnica y su eficacia en tejidos autolíticos o congelados (Scott et al., 1992; Stack et al., 1993; Wells et al., 1994), dio lugar a que se utilizara en el diagnóstico del scrapie y la EBB como un criterio de diagnóstico independiente y de apoyo a las técnicas histopatológicas en el programa de vigilancia de estas enfermedades en Reino Unido (Wells y Wilesmith, 1995; Stack et al., 1996). Dado que la frecuencia de detección de las SAF depende en gran mediada de la región del SNC que se examina, siendo mayor en la médula espinal, el tronco del encéfalo y los núcleos basales (Scott et al., 1990; 1992), se recomienda agrupar sustancia gris de diferentes áreas del SNC con el fin de evitar falsos negativos (Cooley et al., 1998). Sin embargo, posteriormente se ha observado que la sensibilidad del método de diagnóstico de detección de SAF es menor que las técnicas histopatológicas, y aunque sigue siendo un método de confirmación de la EEB y el scrapie reconocido por la OIE (2000) y la legislación vigente, sólo se recomienda su utilización en muestras autolíticas (SSC, 2000). Detección de la PrPsc Mediante Técnicas de Western Blotting La técnica de WB para la detección de la PrPsc es un método de diagnóstico de las EET de una alta sensibilidad con el que se obtienen resultados cualitativos que permiten confirmar la especificidad de la señal (Deslys et al., 2001 a). Tanto la PrPc como la PrPsc tienen un peso molecular (Pm) de 33 - 35 kDa (Meyer et al., 1986; Prusiner, 1998 a); como se ha mencionado anteriormente, si ambas proteínas se someten a un proceso de digestión con PK, la PrPc se degrada completamente mientras que en la PrPsc se elimina el extremo N-terminal dejando una fracción de la misma resistente a la PK de un Pm de 27 - 30 kD, denominada PrP 27 - 30 o PrPres (Oesch et al., 1985). La técnica de WB permite la detección del fragmento PrPres de la proteína patológica mediante la reacción específica con anticuerpos. La metodología básica consiste en la extracción del fragmento resistente de la PrPsc mediante una digestión con PK, la separación de las proteínas en un gel de poliacrilamida mediante una electroforesis y su transferencia a una membrana de nitrocelulosa. En este protocolo general, la OIE recomienda incluir una extracción con detergentes (N-Laurilsarcosina) y varios pasos de ultracentrifugación, lo que permite obtener una mayor concentración de proteína y por lo tanto una mayor sensibilidad de la técnica (Bradley, 1994). Se ha observado que la sensibilidad de la técnica depende también de otros factores como el proceso de extracción o los anticuerpos utilizados (Madec et al., 1998). La detección de la PrPres mediante la técnica de WB se utiliza frecuentemente en el diagnóstico de la EEB y del scrapie, especialmente para confirmar aquellos casos en los que las lesiones neuropatológicas son mínimas o no están presentes o el tejido no es adecuado para el examen histopatológico por autolisis, congelación o destrucción de las áreas de localización de las lesiones (Mohri et al., 1992; Katz et al., 1992; Race et al., 1994; Cooley et al., 1999; Madec et al., 2000 a; Manousis et al., 2000). La detección de la PrPres en animales preclínicos que no presentan lesiones en el SNC indica una mayor sensibilidad de la técnica respecto al examen histopatológico (Race et al., 1992; Hamir et al., 2001). También se ha demostrado una mayor sensibilidad de la técnica de WB con respecto a la demostración de las SAF (Cooley et al., 1998). Además, en animales afectados por la EEB se han detectado depósitos de PrPres en áreas del SNC donde las lesiones histopatológicas no suelen presentarse, como en el cerebelo o la corteza cerebral, aunque las señales más intensas se obtienen en la médula oblongada y el mesencéfalo (Katz et al., 1992; Madec et al., 2000 a); en el caso del scrapie, una de las regiones donde más PrPres se puede detectar es el cerebelo (Cooley et al., 1998; Madec et al., 2000 b). Por otro lado, en animales afectados por la enfermedad de scrapie, la PrPres también se puede detectar mediante técnicas de WB en el tejido linfoide y en la placenta (Ikegami et al., 1991; Race et al., 1992; 1998). Dado que la PrPres se acumula en el tejido linfoide antes que en el SNC y esta acumulación es previa a la presentación del cuadro clínico, es posible identificar animales infectados en fases preclínicas mediante la técnica de WB aplicada a tejido linfoide obtenido mediante biopsia (Ikegami et al., 1991; Muramatsu et al., 1993). La técnica de WB se ha utilizado también para diferenciar diversas cepas del agente causal de las EET ya que se ha descrito una relación entre los patrones electroforéticos y algunas cepas (Collinge et al., 1996; Somerville et al., 1997). La PrPres puede dar lugar a diferentes patrones electroforéticos en función de su tamaño y grado de glicosilación. Por un lado, el lugar de escisión de la PK varía dependiendo de la conformación de la cepa del agente causal (Telling et al., 1996). Por otro lado y como se ha citado anteriormente, la PrPc presenta un doble lugar de glicosilación, por lo que los polipéptidos individuales pueden ser diglicosilados, monoglicosilados o no glicosilados. Así, tras la digestión con PK, la PrPres muestra con la técnica de WB tres bandas de diferente Pm e intensidad que representan las formas y el grado de glicosilación de la PrPsc. Las características de dichas bandas, respecto a la intensidad y tamaño, se han asociado a diversas cepas del agente causal de las EET (Collinge et al., 1996; Somerville et al., 1997). Los trabajos realizados por Collinge et al. (1996) demostraron que el patrón de glicosilación de la PrPres en la vECJ es diferente al que presentan otras formas de la ECJ y similar al de bovinos afectados de EEB y otras especies infectadas con el agente causal de la EEB, por lo que sugieren que esta técnica puede ser útil para identificar la EEB en el ganado ovino. Posteriormente se han realizado diversos estudios al respecto con resultados contradictorios:
Asimismo, también se han obtenido resultados contradictorios según el área del SNC estudiada. En algunos trabajos (Kuczius et al., 1998; Sweeney et al., 2000) se obtienen los mismos patrones de glicosilación cuando analizan diferentes áreas del SNC del mismo animal, mientras que en otros (Somerville et al., 1999) se observan variaciones. Por otro lado, se han detectado diferencias en el patrón de glicosilación en función del anticuerpo utilizado (Sweeney et al., 2000) y, para una misma cepa, en función de la especie a la que se inocula (Betemps y Baron, 2001). Los resultados expuestos indican que, aunque la variedad de cepas del agente causal de las EET existentes no se puede reflejar exactamente mediante los patrones de glicosilación, la EEB en la oveja se podría distinguir del scrapie en un gran número de casos mediante esta técnica (Lasmézas, 2003). Detección de la PrPsc Mediante Técnicas Inmunohistoquímicas La IHQ detecta la PrPsc in situ, lo que permite determinar tanto la presencia de la proteína patológica como su distribución en el tejido, su localización celular y las características morfológicas de la acumulación (González et al., 2003). La detección de la PrPsc mediante técnicas IHQ permite, al igual que la técnica de WB, el diagnóstico de la EEB y del scrapie antes de que se observen las lesiones histopatológicas características en el SNC o cuando éstas son mínimas o no concluyentes (Miller et al., 1993; Foster et al., 1996 b; Jeffrey et al., 1998; Wells et al., 1998; Begara-McMcGorum et al., 2000; Ryder et al., 2001). Asimismo, diversos trabajos demuestran la capacidad de la IHQ para detectar la PrPsc en tejidos en los que no es posible realizar un diagnóstico histopatológico ya que han perdido su morfología tanto por la autolisis como por la congelación (Miller et al., 1993; Foster et al., 1996 b; Debeer et al., 2001; 2002; Chaplin et al., 2002). Los depósitos de PrPsc pueden observarse tanto asociados a las lesiones histopatológicas como en áreas donde no se presenta vacuolización o ésta es mínima (Foster et al., 1996 b; Hardt et al., 2000). La inmunotinción suele ser bilateral (Ryder et al., 2001) y se localiza principalmente en el tronco del encéfalo, aunque en el caso del scrapie con frecuencia se distribuye por todo el SNC (Haritani et al., 1994; González et al., 2003). Las primeras localizaciones neuroanatómicas en las que pueden detectarse los depósitos de PrPsc son el núcleo dorsal del nervio vago, siendo éste el núcleo más consistentemente inmunoteñido en los animales afectados por la enfermedad (Begara-McGorum et al., 2000; Ryder et al., 2001) y la médula espinal torácica (Heggebo et al., 2002; van Keulen et al., 2002; Jeffrey et al., 2001 a). Otras áreas que frecuentemente se tiñen son la formación reticular, el núcleo del tracto solitario, el núcleo del tracto espinal del nervio trigémino, el rafe medio y los núcleos de la oliva (Ryder et al., 2001). El diagnóstico de las EET mediante IHQ debe realizarse mediante la identificación del patrón característico de inmunotinción, a través de su distribución topográfica y una localización celular específica (Wells y Wilesmith 1995; Ryder et al., 2001). Los diferentes tipos de inmunotinción específicos del depósito de PrPsc en el scrapie (Miller et al., 1993; O`Rourke et al., 1998; Hardt et al., 2000; Ryder et al., 2001) han sido descritos detalladamente por González et al. (2002; 2003):
Es necesario destacar que ningún animal afectado por la enfermedad de scrapie presenta todos los tipos de depósitos de PrPsc descritos y generalmente se aprecian combinaciones específicas de algunos de estos depósitos (Ryder et al., 2001). Diversos estudios sugieren que las variaciones en la morfología y distribución de los diferentes tipos de depósitos de PrPsc dependen de la cepa del agente causal. Así, en animales de experimentación y en ovejas inoculadas con cepas caracterizadas de scrapie se ha observado que los patrones y la tasa de acumulación de la PrPsc son característicos de cada cepa (DeArmond y Prusiner, 1993; Foster et al., 1996 b). Por otro lado, otros trabajos (González et al., 2002; 2003) sugieren que mientras que el patrón de acumulación de la PrPsc depende de la cepa del agente causal, la cantidad de depósito de la PrPsc depende del genotipo del hospedador, por lo que su estudio podría permitir la caracterización de diferentes cepas de scrapie y su diferenciación con el agente de la EEB en la oveja. En el caso de la EEB también se han observado varios de los tipos de depósitos de PrPsc descritos en el scrapie; el más frecuente consiste en partículas dispersas en el neuropilo de la sustancia gris, pero también se han detectado otros como el perineuronal, lineal, estrellado o intraneuronal (Wells y Wilesmith, 1995; Orge et al., 2000). La asociación descrita de los tipos de tinción a diferentes poblaciones celulares del SNC se basa en su morfología o localización tisular. Sin embargo, mediante técnicas IHQ de doble marcaje se ha confirmado la localización de los depósitos de PrPsc tanto en neuronas y astrocitos como en células de la microglía (Andréoletti et al., 2002 a). Por otro lado, se han descrito diversos tipos inespecíficos de inmunotinción, como finas partículas sobre el citoplasma de neuronas o finos hilos lineales en el neuropilo, en animales que no estaban afectados por una EET (Wells y Wilesmith, 1995; Ryder et al., 2001; González et al., 2002). Dichos patrones inespecíficos dependen en gran medida por la metodología y los anticuerpos utilizados (Hardt et al., 2000) y parecen ser consecuencia de una desnaturalización incompleta de la PrPc durante el procesado histológico (Foster et al., 1996 b; Ryder et al., 2001). La especificidad y sensibilidad de la técnica IHQ depende en gran medida de la metodología y los anticuerpos utilizados (Haritani et al., 1994; Bell et al., 1997; Hardt et al., 2000). Como se ha descrito anteriormente, los anticuerpos utilizados para la detección de la PrPsc reconocen las dos isoformas de la proteína prión y tanto el proceso de fijación como la acumulación y formación de agregados de la PrPsc oculta los epítopos necesarios para la reacción con el anticuerpo. Estas características implican la necesidad de una metodología que permita la supresión antigénica de la PrPc así como una recuperación e incremento de la exposición de los epítopos ocultos de la PrPsc (Hardt et al., 2000). Entre las variables que pueden influir en la sensibilidad y especificidad de la técnica se encuentran:
La detección de la PrPsc mediante técnicas IHQ se ha utilizado para estudiar la distribución de la proteína patológica en diferentes tejidos. Así se ha observado una amplia distribución de la PrPsc en el SLR de los animales afectados por la enfermedad de scrapie, detectándose en diversos ganglios linfáticos, tonsilas, bazo, tejido linfoide asociado al tracto gastrointestinal y al tercer párpado (van Keulen et al., 1996; Kim et al., 2001; Heggebo et al., 2002; Valdez et al., 2003). Respecto a los ganglios linfáticos, los más frecuente e intensamente inmunomarcados son el ganglio mesentérico y el retrofaríngeo, pero también se han detectado acúmulos de PrPsc en otros como el traqueobronquial, prefemoral, pre-escapular, parotideo, submandibular, cervical superficial, poplipteo, esternal craneal, mediastínico caudal e inguinal superficial (van Keulen et al., 1996; 2002; Heggebo et al., 2002). Por otro lado, la acumulación en fases tempranas de la PrPsc en el SLR de los animales afectados por el scrapie, ha permitido desarrollar un test de diagnóstico in vivo basado en la aplicación de técnicas IHQ sobre muestras de tejido linfoide obtenido mediante biopsia. Se han propuesto las tonsilas como el tejido más apropiado para realizarlas, ya que es uno de los tejidos donde se acumula la PrPsc más precozmente y donde existe una mayor proporción de folículos linfoides inmunoteñidos (van Keulen et al., 1996). Diversos estudios demuestran que mediante esta técnica se puede detectar animales infectados con genotipos sensibles en fases preclínicas de la enfermedad, como mínimo un año antes de la presentación del cuadro clínico (Schreuder et al., 1998; Jeffrey et al., 2001 a). Otros autores proponen el tejido linfoide asociado al tercer párpado para obtener la biopsia, ya que es más accesible que las tonsilas y no requiere anestesia general (O´Rourke et al., 2000). La especificidad estimada del test realizado en biopsia de tejido linfoide asociado al tercer párpado es del 100% y la sensibilidad del 85-90%. Una toma de muestras inadecuada, la presencia de depósitos de PrPsc en otros tejidos del SLR pero no en el tercer párpado o la ausencia de acumulación de PrPsc en el SLR parece ser la causa de estos falsos negativos (O´Rourke et al., 2002). En el caso de la EBB, hasta el momento no se han detectado depósitos de PrPsc en el SLR en animales infectados de forma natural (Wells et al., 1998), por lo que no es posible aplicar esta técnica de diagnóstico in vivo. Tests Rápidos de Diagnóstico Como se ha explicado, a partir del año 2001 se instauró en la UE un programa de vigilancia activa basado en el diagnóstico de la enfermedad, mediante los denominados tests rápidos, en los animales adultos destinados al consumo y en unas subpoblaciones definidas como de riesgo. Estos tests se basan en la detección de la PrPsc en muestras del SNC mediante el uso de anticuerpos específicos (Moynagh y Schimmel, 1999). Los diferentes tests rápidos de diagnóstico de la EEB desarrollados han sido evaluados por la Comisión Europea con el objetivo de obtener información concreta de la validez de dichos tests para su aplicación en el marco del programa de vigilancia (Comisión Europea 1999; 2002 b). Hasta el momento se han realizado dos evaluaciones en las que se examinó la sensibilidad y especificidad de los tests propuestos, así como el límite de detección de la PrPsc en muestras diluidas como un indicador de la sensibilidad del test en muestras con bajos niveles de PrPsc. Las muestras positivas utilizadas en la evaluación pertenecían a animales en la fase clínica de la enfermedad y las negativas a animales procedentes de Nueva Zelanda, país considerado libre de EEB; la confirmación del diagnóstico se realizó mediante examen histopatológico. Todos los tests validados mostraron una sensibilidad y especificidad del 100%. Los tests que hasta el momento han sido validados para el diagnóstico de la EEB son: Prionics Check WB Prionics Check WB se basa en la detección de la PrPres con un anticuerpo monoclonal tras la aplicación de la técnica de WB. El procedimiento consiste básicamente en los siguientes pasos: homogenización de la muestra, digestión con PK, desnaturalización con SDS, separación electroforética de las proteínas en un gel de poliacrilamida, transferencia de las proteínas a una membrana, detección de la PrPres con el anticuerpo 6H4 y visualización de la reacción mediante un sistema de quimioluminiscencia. El resultado se interpreta en base a la presencia de la señal y a su posición, lo que permite distinguir casos positivos de posibles falsos positivos debidos a una inadecuada digestión de la muestra. Los principales factores que influyen en la sensibilidad del test son la correcta toma de muestras, que debe incluir la región del obex, y el método de extracción de las proteínas (Schaller et al., 1999) Prionics Check WB fue el primer test que se utilizó para el diagnóstico de EEB a gran escala en muestras procedentes de animales sacrificados en matadero, muertos o sacrificados en explotación y sacrificados de urgencia (Doherr et al., 1999; Morignat et al., 2002). En trabajos realizados en condiciones de campo el test ha demostrado una sensibilidad mayor que el examen histopatológico, detectando animales en fases preclínicas, (Schaller et al. 1999; Heim y Wilesmith, 2000; Oesch et al., 2000; Cooley et al., 2001) y que la demostración de las SAF (Cooley et al., 2001). Test de CEA (Commissariat à l´Energie Atomique, Francia) El test desarrollado por CEA y comercializado por Bio Rad es un ELISA colorimétrico tipo sandwich que utiliza la combinación de dos anticuerpos monoclonales para la detección de la PrPres. El procedimiento consiste en una primera fase de purificación y concentración de la PrPres y una segunda fase de medición de la misma. La primera fase implica la homogenización del tejido nervioso, digestión con PK, concentración de la PrPres por centrifugación y solubilización mediante un tratamiento desnaturalizante. Posteriormente, la PrPsc se detecta en un ELISA tipo sandwich con dos anticuerpos monoclonales que reconocen dos epítopos diferentes de la molécula de PrPsc: un primer anticuerpo inmovilizado en una placa se une a la PrPres y posteriormente un segundo anticuerpo marcado con un enzima se une a la PrPres. La reacción se detecta y cuantifica por colorimetría (Grassi et al., 2000). En la evaluación realizada por la Comisión Europea en el año 1999, el test de CEA proporcionó los mejores resultados con respecto al límite de detección de la PrPsc en muestras diluidas, detectando la proteína hasta en una dilución 10-2.5. En un ensayo comparativo del test de CEA con bioensayos en ratones convencionales (no transgénicos) infectados vía intracraneal se observó un límite de detección de la PrPsc similar (Deslys et al., 2001 b). La eficacia del test en el diagnóstico de casos preclínicos de la EEB se ha demostrado utilizando muestras de bovinos infectados experimentalmente por vía oral; en este estudio concreto, el test detectó animales infectados antes de la presentación de los signos clínicos y manifestó una mayor sensibilidad que el examen histopatológico y la detección de las SAF, y resultados similares a la IHQ y al bioensayo (Grassi et al., 2001). Test Enfer El test Enfer es un ELISA que utiliza un anticuerpo policlonal para la detección de la PrPres. El procedimiento consiste básicamente en una homogenización de la muestra, transferencia y adsorción en una placa de ELISA, digestión con PK, detección de la PrPres con un anticuerpo policlonal y visualización de la reacción, tras añadir el conjugado, mediante un sistema de quimioluminiscencia. Prionics Check LIA Prionics Check LIA es un ELISA de luminiscencia tipo sandwich que utiliza dos anticuerpos monoclonales para la detección de la PrPres. El procedimiento se basa en una fase de homogenización y digestión con PK, incubación de la muestra con un anticuerpo de detección marcado con un enzima, transferencia e incubación de los complejos formados a placas con un anticuerpo monoclonal de captura y visualización de la reacción mediante un sistema de quimioluminiscencia. En un estudio realizado en condiciones de campo con muestras procedentes de animales sacrificados en matadero, muertos o sacrificados en explotación y sacrificados de urgencia, el test demostró una especificidad y sensibilidad del 100% con respecto a la IHQ. El límite de detección de la PrPsc en muestras procedentes de bovinos afectados de EEB diluidas en homogenizados de tejido nervioso procedentes de bovinos negativos fue de 10-4 (Biffiger et al., 2002). Inmunoensayo Dependiente de la Conformación (CDI) El CDI es un ELISA tipo sandwich que se basa en la detección de las diferencias entre las dos isoformas de la proteína, cuantificando la unión relativa de los anticuerpos a la proteína nativa y a la desnaturalizada. El procedimiento consiste inicialmente en una homogenización del tejido, digestión incompleta con bajas concentraciones de PK y concentración mediante centrifugación. Posteriormente, la muestra se divide en dos alícuotas y una de ellas se trata con un agente caotrópico; ambas muestras se transfieren a una placas con un anticuerpo monoclonal de captura y tras la incubación se añade un anticuerpo marcado; la detección se realiza mediante fluorescencia. El límite de detección de la PrPsc del CDI es similar al que presenta el bioensayo en ratones transgénicos (Safar y Prusiner, 2002; Safar et al., 1998). Safar et al. (1998) sugieren que el CDI permite diferenciar entre cepas del agente causal de las EET basándose en las diferentes proporciones de la unión del anticuerpo a la PrP desnaturalizada y no desnaturalizada en cada cepa. Aplicación de los Tests Rápidos al Diagnóstico del Scrapie En el año 2002 se empezaron a aplicar los tests rápidos en el programa de vigilancia activa del scrapie, obteniendo una mayor prevalencia de la enfermedad de la que se había estimado con anterioridad. Sin embargo, los tests rápidos fueron validados para el diagnóstico de la EEB por la UE, pero no para el del scrapie. Adicionalmente, el número de trabajos realizados por grupos de investigación independientes para determinar la eficacia de estos test en el ganado ovino y caprino tampoco son representativos. Recientemente se han observado discrepancias en el diagnóstico del scrapie con los diferentes tests rápidos, ya que una proporción significativa de casos positivos (53/276, confirmados con técnicas de la OIE) de Francia y Alemania sólo se diagnosticaron con el test de CEA mientras que los otros tests rápidos proporcionaron resultados negativos (Buschmann et al. 2004). Por otro lado, otro trabajo establece que el test de CEA es adecuado para diagnosticar casos preclínicos de scrapie mediante el análisis de muestras del SLR, detectando positividad en corderos con genotipo sensible (VRQ/VRQ) a partir de los 21 días de edad en la placa de Peyer, aunque con una sensibilidad menor que con la IHQ (Grassi, 2003).
Abreviaturas CDF: células dendríticas foliculares. ECC: enfermedad crónica caquectizante de los ciervos y alces. ECJ: enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. EEB: encefalopatía espongiforme bovina. EEF: encefalopatía espongiforme felina. EET: encefalopatías espongiformes transmisibles. ETV: encefalopatía transmisible del visón. GSS: síndrome de Gerstmann-Sträussler-Scheinker. HCH: harinas de carne y hueso. IFL: insomnio familiar letal. IHQ: inmunohistoquímica. MER: material específico de riesgo. OIE: Organización Internacional de Epizootias. PK: proteinasa K. PRNP: gen que codifica para la PrP. PrP: proteína prión. PrPc: isoforma normal celular de la PrP. PrPres: fragmento resistente a la proteinasa K de la PrPsc. PrPsc: isoforma patológica de la PrP. SAF: fibrillas asociadas a scrapie. SLR: sistema linforreticular. SNC: sistema nervioso central. SNE: sistema nervioso entérico. SNP: sistema nervioso periférico. SSC: scientific steering committee. vECJ: variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. WB: Western Blotting. |
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