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Prevalencia de úlcera gastroesofágica porcina. |
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Guillermo Ramis, Serafín Gómez1; Antonio Muñoz2 1 U.D. Histología y Anatomía Patológica, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia 2 Departamento de Producción Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia
INTRODUCCIÓN La úlcera gástrica porcina es un proceso patológico de distribución universal y con una etiología de carácter multifactorial que aún permanece sin esclarecer en su totalidad. Se ha descrito en reproductores, cerdos en lactación y cerdos en crecimiento y cebo, siendo éstos últimos los más afectados por esta patología. La mayoría de los casos son inaparentes, aunque pueden acontecer de forma aguda, dando lugar a hemorragias intragástricas que generalmente causan la muerte súbita del animal, o de forma crónica con la consiguiente pérdida de condición corporal y retraso en el crecimiento, proporcional a la pérdida de sangre que sufren. Ocasionalmente produce perforación de la pared gástrica. Algunos de los animales afectados pueden llegar a recuperarse y finalizar el período de cebo, aunque con una diferencia de peso evidente con respecto a sus contemporáneos. La mayoría de las úlceras que aparecen en el estómago del ganado porcino se limitan a la mucosa aglandular por lo que se denominan úlceras gastroesofágicas, aunque en muy pocos casos las lesiones se extienden al esófago. Otros autores describen la aparición de úlceras en la mucosa glandular del estómago, pero siempre con una incidencia muy baja (Tabla 3) y en raras ocasiones concomitantes con ulceración de la mucosa aglandular. La primera referencia a este proceso la documentó McIntosh en 1897 en USA y ha habido un incremento notable en los últimos 40 años en cuanto a la incidencia de la enfermedad, probablemente por las condiciones de producción intensiva adoptadas durante este período. El hecho de haber pasado de una crianza familiar o extensiva a introducir los animales en naves con restricciones espaciales y de movimiento, haberles variado la alimentación y el comportamiento social conlleva en la mayoría de los casos la aparición de estrés crónico. En estudios de campo se han observado mortalidades debidas a hemorragias intragástricas hasta del 1%, que pueden llegar al 10% en brotes epidémicos en cerdos de cebo y reproductoras. En Carolina del Norte se ha determinado una mortalidad anual debida a esta enfermedad de 0,5-0,75%. En estudios lesionales en diversos países se ha constatado una prevalencia que oscila entre el 0 y el 87% de los estómagos examinados presentando úlcera. La figura 1 muestra una distribución mundial de la mayoría de los estudios realizados. Se han realizado estudios prácticamente en los 5 continentes, pero los países que más referencias bibliográficas han generado son Reino Unido, Estados Unidos, España y Australia, posiblemente en consonancia con la preocupación que produce esta enfermedad en los productores y veterinarios de dichos países. En algunos estudios se hace referencia a la prevalencia de los cambios preulcerosos: hiperqueratosis o paraqueratosis y erosiones (tabla 1). Para tratar de establecer comparaciones entre los distintos estudios hay que tener en cuenta que en el matadero, el manejo previo al sacrificio, especialmente el ayuno y la duración del tiempo de espera, podrían agravar las lesiones gástricas. Los cerdos ayunados durante un periodo de 48 horas tienen 1,9 veces más probabilidad de desarrollar una lesión erosiva o ulcerativa. Los estudios basados en necropsias no son buenos indicadores, ya que los animales enfermos suelen sufrir anorexia, que en muchos casos puede dar lugar a la aparición o agravamiento de lesiones en la mucosa gástrica. Por otro lado los animales con lesiones gástricas pierden condición corporal y sufren retraso en el crecimiento, por lo que también serán posibles ejemplares a los que se realizará la necropsia. Además hay que tener en cuenta que los estudios macroscópicos son subjetivos: cuando se toman muestras de un estómago en el que se aprecia un cierto grado de lesión macroscópica, normalmente la lesión microscópica observada es más grave, hecho que ya sugería OBrien (1969). Por tanto una observación macroscópica no nos indicará el estado real de la mucosa gástrica del colectivo observado, pero son muy útiles para comparar grupos, siempre y cuando sean valorados por el mismo observador.
Figura 1: Distribución mundial de los estudios realizados en los que se cita prevalencia de úlceras gastroesofágicas porcinas. Tabla 1. Estudios de prevalencia de úlceras gástricas que incluyen datos sobre cambios preulcerosos.
1 Los % de erosión y úlcera se dan conjuntamente. 2 Incluye las úlceras sangrantes y las úlceras en cicatrización o cicatrizadas. 3Se han incluido en esta categoría las úlceras agudas observadas; la categoría úlcera solo incluye las formas crónicas de la enfermedad. Tabla 2. Estudios sobre úlceras en la mucosa glandular del estómago
La mortalidad por úlcera gastroesofágica supone la principal causa de muerte en algunos rebaños, y se han documentado importancias relativas del 25% del total de bajas en Canadá y entre el 20 y el 38% en España, mientras que en otros casos es una causa de mortalidad con escasa importancia. De cualquier modo, la importancia relativa está determinada por diversos factores. Las pérdidas directas por la muerte de animales debido a este proceso son fáciles de calcular; pero no así las pérdidas indirectas producidas por disminución en el crecimiento medio diario y aumento en el índice de conversión del pienso. Los resultados son contradictorios al respecto. Algunos autores estiman que no hay pérdidas por estos conceptos, aunque la prevalencia de úlcera gastroesofágica sea alta. Otros sostienen que las pérdidas en los parámetros productivos son ciertas, con diferencias en el crecimiento de 50-75 g/día entre cerdos enfermos y sanos. También se ha constatado esta diferencia mediante endoscopia. Parece que durante el traslado de los animales al matadero las lesiones gastroesofágicas pueden agravarse, lo que provocaría que algunos investigadores relacionen lesiones de nueva aparición con el crecimiento de animales que han estado sanos todo el periodo de engorde. Un estudio del Ministerio de Agricultura y Silvicultura de Japón realizado en 1972 estimó las pérdidas económicas producidas por esta causa en 15-20 millones de dólares al año. Podría ser que las mermas en los parámetros productivos no sólo estén determinadas por las úlceras gastroesofágicas, sino también por los problemas respiratorios que suelen aparecer asociados a esta enfermedad. Por tanto, nos encontramos ante una patología presente en la mayoría de los países productores de ganado porcino, y que posiblemente provoca pérdidas en la industria ganadera, lo que hace necesario encontrar en cada caso el factor o los factores que la originan. 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